jueves, 11 de diciembre de 2014

Una de escarabajos



Un amigo me dijo hace poco que lo importante de escribir entradas en un blog no es lo que cuentas sino cómo lo cuentas. Yo estoy de acuerdo con él, pero también le dije que hay temas a los que se les puede sacar poco rendimiento.
—Dime uno —me pinchó.
—No sé, el escarabajo que me encontré patas arriba hace unos días.
Después de soltar una de sus risotadas, esas que llaman la atención de todo el mundo alrededor y que a mí me hacen palidecer, me dijo:
—Quiero la historia de ese escarabajo.
—¡Anda ya! —le respondí. Bueno, le dije otra cosa, pero aquí quedaría feo—. Si quieres escribo sobre lo bonito que ha sido hoy el amanecer, sobre los colores que formaron las nubes en el horizonte…
—Qué aburrimiento. Cuéntame qué pasó con el escarabajo, tratándose de ti seguro que ha sido toda una aventura.

Puse cara de circunstancia y le dije que era un exagerado. Luego cambié de tema para que se olvidara del asunto.

Esa noche me fui a dormir con el coleóptero girando en círculos a cinco centímetros al norte de mi cabeza, como si fuera un b-boy haciendo breakdance (un "b-beetle", en este caso), dispuesto a no dejarme pegar ojo con sus acrobacias. 
En buena hora se había cruzado en mi camino, aunque, a decir verdad, yo me había cruzado en el suyo porque él poco podía hacer para apartarse de mi trayectoria. Era la tercera vez en dos días que lo encontraba de esa guisa; pateando al aire y esperando indefenso un final poco alentador.

Confieso que soy muy sensiblera cuando se trata de animales, y que enseguida hago pucheros si encuentro a uno en apuros, aunque mida dos centímetros cuadrados, sea negro como un agujero... ídem, y feo con exponente elevado al infinito.

Por eso mismo, porque me dan lástima, jamás reconoceré haber atropellado a aquel sapo, por mucho que mi marido se empeñe en decir que le pasé por encima con la rueda de mi coche. Lo negaré incluso si me atan a un poste, me bañan los pies con sal y luego sueltan cuatro cabras para que laman mis pies durante tres horas (una extraña tortura china). Yo no lo vi, y además tendría que haber notado un «crunch» o un «plaf», o lo que sea que hagan los sapos cuando revi… uf, esto no puedo ponerlo.
Creo que me quería cargar a mí el muerto, pero yo me mantuve firme y ni siquiera me acerqué a ver la prueba del delito, el supuesto parchazo sanguinolento, la nueva dimensión extraplana que había adquirido el bufo bufo bajo la enorme y oscura rueda de mi coche; la presunta matasapos.

Y ojos que no ven, sapo que no existe.

Pero volvamos al escarabajo, que es lo que le interesa a mi amigo.

Lo que no acabo de entender, aunque el fantasma de Laplace se me meta en el cuerpo unos minutos, es por qué era yo, y solo yo, la que lo encontraba. ¡Somos tres en casa! Ya sé que no es una multitud, pese al dicho que dice que dos son compañía y tres.... En fin, que no me digáis que no es casualidad (ley de probabilidad fallida).  

El primer día me agaché veloz y ligera como una ardilla y, con un pequeño toque de mi dedo —sí, lo toqué, y no es para tanto—, su cuerpo quedó en la postura natural. 
Entonces reí con esa satisfacción que se siente ante las buenas acciones. «Hala, Leroy —lo llamé Leroy en honor al bailarín de Fama, aquella serie de hace mil años—, vete por ahí a comer lo que sea que comas», pensé. «Y para la próxima ten más cuidado».

Al día siguiente por la mañana volví a encontrarme a Leroy exactamente en la misma posición, pero en distinto lugar. Pensaréis que no se trataba del mismo escarabajo, pero era él, lo supe porque mantenía un diminuto trozo de hoja pegada al abdomen. 
Esta vez no me moví tan rápido como la primera y cuando me agaché a su lado me dije que al tal Leroy le gustaban las emociones fuertes. Tal vez fuera en escarabajo el equivalente humano a un Bear Grylls o un Frank de la jungla. Vamos, un suicida en potencia.

Le giré el cuerpo, por segunda vez, con una hoja, y se marchó en línea recta. «Me debes dos», pensé.

Esa misma tarde, Leroy apareció de nuevo ante mí, y no me sorprendió comprobar que en realidad no había avanzado mucho desde la mañana. Volvía a estar patas arriba, y así es difícil caminar. Polo, mi Yorkshire Terrier, estaba a mi lado. Arrimó el hocico a Leroy, amusgó las orejas y decidió que ni era peligroso ni apetecible. Luego me miró con cierto hastío.  «Este tío quiere que le maten», parecía decirme con la mirada.

Me dio por pensar que tal vez los escarabajos se reproducían de esta forma, con sus propatas, mesopatas y metapatas apuntando al firmamento, y que esa era la postura habitual para un escarabajo en celo… Pero esto me pareció una soberana tontería. Así que no comprobé si en realidad le estaba aguando la fiesta a Leroy o es que disfrutaba de una clase de yoga para escarabajos. Lo empujé de nuevo con un dedo y le di la vuelta.

Cuando lo estaba viendo desfilar a paso ridículo, se me ocurrió retirarlo del suelo de pizarra, que para él debía de ser como un desierto negro, y lo intenté llevar al césped. Pero cuando lo toqué, oí un débil sonido. Me sorprendí bastante, porque no sabía que algunos escarabajos fueran estriduladores, como los grillos o los saltamontes. 
Me quedó claro que no le gustaba que lo tocara, y creo que si el Dr. Dolittle hubiera estado a mi lado para traducir las señales sonoras del animal, posiblemente no me habría gustado lo que pensaba de mí.

Hace días que no veo a Leroy, y la verdad es que lo echo de menos. Ya me había acostumbrado a que me mostrara sus patitas en aquella postura embarazosa, poco digna incluso para un escarabajo.

En casa le hemos hecho un retrato robot, por si alguien lo encuentra. Se nos ha ido la mano con los colores pero si os lo imagináis un poco más moreno lo reconoceréis enseguida.




jueves, 4 de diciembre de 2014

Entrevista en "A golpe de tecla" (Revista literaria). Por Manuel Navarro

Hace tiempo que coincido en las redes sociales con Mayte Uceda y llevado por el deseo de conocerla mejor como persona y escritora, que aún se pregunta si lo es, le propuse hacerle una entrevista para la revista A golpe de tecla. Aceptó enseguida y pensé que era una buena ocasión para visitar Cudillero, una parroquia que forma parte del concejo del mismo nombre. Un lugar fascinante, situado en el Principado de Asturias, en la costa del mar Cantábrico.

Llegué a Cudillero a medio día. Habíamos quedado en un restaurante del puerto con vistas a un mar tranquilo y azul y, cuando llegué, con un cuarto de hora de retraso, ella me esperaba, sentada a una mesa. Después de los saludos llamamos al camarero y pedimos ensalada y un entrecot de ternera asturiana con salsa de cabrales y vino tinto. Hablamos animadamente de la familia, de las redes sociales y de los compañeros de escritura. Después de la comida pedimos un café y dimos una vuelta por el pueblo para despejar la cabeza y hablamos de ella misma y de su obra.  

Mayte ha publicado recientemente su segundo libro Un amor para Rebeca, una novela romántica que se ha situado pronto en los primeros puestos del TOP 100 de Amazon y está recibiendo muy buenas críticas de los lectores.


—Mayte, en primer lugar, dinos cómo es una jornada normal de Mayte Fernández Uceda o Mayte Uceda, como firmas ahora.

No tengo una rutina diaria planificada, vivo en una casa en el campo y a veces las actividades cotidianas dependen de factores tan imprevisibles como la climatología. Y eso, en un lugar como Asturias, es un factor importante. Siempre hay muchas cosas que hacer aunque procuro extraer tiempo para escribir por las mañanas, ponerme al día en las redes sociales y estudiar las asignaturas que haya escogido del Grado en Educación Social que estoy realizando. Por las tardes, la dinámica familiar gira en torno a las actividades extraescolares de mi hijo y sus estudios, y dejo la lectura para la noche, cuando la casa vuelve a estar en calma.


—¿Cuáles son tus aficiones además de escribir y leer?

La música y la pintura son mis otras grandes pasiones, aunque tengo que admitir que desde que comencé a escribir les dedico poco tiempo. Sin embargo, siempre que puedo paso un rato tocando la guitarra; me relaja y consigo que mis dedos se mantengan ágiles. También soy una amante de la naturaleza, disfruto haciendo senderismo o simplemente admirando un paisaje bello. En ese aspecto siento que soy afortunada; vivo en un entorno privilegiado, cerca del mar y de la montaña.  

—¿Qué tipo de literatura lees? ¿Cuáles son tus autores favoritos?

Mis gustos en cuanto a literatura siempre han sido muy variados. Algunas veces devoro biografías de personajes relevantes, otras me centro en conflictos bélicos, también me gusta la fantasía y la ciencia ficción, la novela policíaca, histórica… y, aunque parezca una paradoja, lo que menos he leído ha sido novela romántica. Intento acumular un buen bagaje literario de los clásicos españoles y de los filósofos griegos. Los libros sobre pedagogía y desarrollo psicológico forman parte de mi mesilla de noche desde hace varios años. En cuanto a mis autores favoritos… Me resulta difícil decidirme por unos pocos pero podría nombrar a Gabriel García Márquez, Palacio Valdés, Harper Lee, Jane Austen, Cervantes, J.R.R. Tolkien, George Orwell, Emilia Pardo Bazán, Richard Bach, la poesía de Benedetti… La lista podría ser muy larga, y seguro que me dejo a muchos.

—¿Cuándo decidiste que querías ser escritora y por qué?

Nunca tomé esa decisión. Fue algo que surgió. Siempre he sentido la necesidad de expresarme. Yo había compuesto la letra de muchas canciones, que no dejan de ser poemas a los que luego añadimos una melodía. El entorno que me rodea me inspiró una historia, y la fui construyendo hasta completar las casi quinientas páginas que tiene “Los Ángeles de La Torre”. Luego el veneno de crear nuevas historias me caló en las venas hasta convertirse en una parte importante en mi vida. No me considero escritora, siempre digo que soy autora de dos novelas, con esa definición me siento más a gusto.

—Tu novela Un amor para Rebeca está siendo un gran éxito. Desde el principio se ha situado en los primeros puestos de las listas de venta en Amazon y sigue subiendo. ¿Pensabas que podría tener tan buena acogida como está teniendo?

No imaginé que tendría un éxito tan inmediato. Tenía esperanzas en que la historia gustara, pero a veces es difícil que el lector acceda a tu obra. Para eso necesitas visibilidad, y conseguirla no siempre es fácil. Antes de publicarla tuve un momento importante de inseguridad. El sector de la novela romántica es un mercado saturado de obras y era consciente de la dificultad que supondría hacerse un hueco entre tantas novelas. Sin embargo, la historia de Rebeca gustó y, aunque no sé lo que le deparará el futuro, me siento satisfecha de sus logros.

—¿Cuáles crees tú que son los puntos fuertes de la novela?

Indudablemente, Escocia es la palabra clave, al menos es lo que atrae a los lectores en un primer momento, y así me lo hacen saber con sus mensajes. En el cine y en la literatura, Escocia es sinónimo de romanticismo; su paisaje, su cultura, su folclore… todo ello invita a soñar con historias maravillosas. Un amor para Rebeca conjuga todos estos elementos y ofrece una bonita historia de amor con todos los ingredientes de la novela clásica romántica: un intenso amor que surge de forma inesperada y que encuentra numerosos obstáculos que los protagonistas tendrán que salvar, o al menos lo intentarán, para estar juntos.

—¿Por qué elegiste Barcelona y, en especial, Escocia para ambientarla?

Necesitaba una gran ciudad que sirviera de punto de partida, y Barcelona me ofrecía todos los elementos que necesitaba. A la vez también era importante el contraste entre los dos contextos donde se desarrolla la historia. Barcelona y el pequeño pueblo escocés de Beauly no pueden ser más opuestos. Elegir Escocia no fue algo premeditado, simplemente sucedió a raíz de descubrir a un grupo de música tribal escocesa. Me gusta mucho la música con raíces celtas y el estilo de esta banda me llamó la atención. Fue en ese momento cuando se me ocurrió construir una historia en la que una banda parecida tuviera especial protagonismo.

—Hiciste un viaje a las Highlands después de escribirla, ¿habías estado antes allí? ¿Cómo te documentaste?

No había estado antes. La idea de viajar a Escocia era una ilusión desde hacía tiempo. La novela fue la excusa perfecta, aunque lo cierto es que lo hice justo al revés. Primero escribí la novela y una vez finalizada viajé a Escocia. Para la descripción de los paisajes usé la conocida aplicación Google Earth; es muy útil para definir los lugares con bastante precisión. De hecho, cuando finalmente puse los pies en Escocia me di cuenta de que mis descripciones eran exactas, aunque tuve tiempo de retocar algunas cosas. Las aplicaciones digitales pueden ser muy útiles pero, hasta el momento, no son capaces de transmitir sensaciones. Esos detalles son los que consiguen hacer que una descripción sea tridimensional y no plana; el olor a tierra húmeda, la sensación de la brisa fresca en la cara… Hay que hacer lo posible para introducir al lector dentro de la historia y que experimente las mismas sensaciones que perciben los personajes, que sientan que ha merecido la pena el viaje.

—Los personajes están todos bien caracterizados. Algunos de ellos como la señora Munro y Baudelia son entrañables, otros como Mario se hacen odiosos. ¿Cómo te inspiraste para definirlos?

La mayoría de mis personajes se van construyendo a sí mismos. Pienso en unas características físicas y, a medida que surgen las escenas, ellos solos van forjando su personalidad. Esto implica que cuando pongo el punto final tenga que reescribir hacia atrás; siempre lo hago, es una forma de atar cabos y reafirmar personalidades desde el principio. El caso de Baudelia fue diferente; su personaje lo introduje cuando la novela estaba bastante avanzada, y creo que ha sido un gran acierto. Lo he pasado muy bien creando sus diálogos, ya que al ser mexicana tuve que estudiar su forma particular de expresarse para que resultara creíble. Me gusta ponerme en la piel de las distintas personalidades que aparecen en mis novelas, me parece un reto fascinante. No solo disfruto con los buenos; crear una personalidad retorcida como la de Mario fue muy interesante.  

—Estás preparando la edición en papel, ¿cuándo estará disponible?

Estoy trabajando para que la versión impresa salga antes de las navidades. Ese es mi objetivo inmediato. Ya he recibido la primera prueba. Iván Hernández adaptó el diseño de la portada con gran profesionalidad y estoy muy satisfecha con el resultado.

—Háblanos de tu primera novela Los Ángeles de la torre. Qué diferencias hay entre las dos.

La diferencia más evidente es la temática. Los Ángeles de La Torre es una novela de romance paranormal que surgió cuando estaban tan de moda este tipo de historias. Sin embargo yo echaba de menos algo en todas las obras que leía; una base sólida en la que fundamentar el argumento. Por curiosidad, había estado indagando en la figura mitológica de Lilith. Lo que encontré me pareció tan interesante que decidí escribir una historia en torno a ese personaje. Los Ángeles de La Torre está narrada en primera persona desde la perspectiva de su joven protagonista. Lo hice así porque me resultó sencillo. Era mi primera novela y yo estaba acostumbrada a escribir diarios personales, así que me sentí muy cómoda escribiéndola, fue como escribir un diario en el que pasaban muchas cosas.  


—Por lo que me has contado en la comida, estás escribiendo una nueva novela. ¿De qué trata? ¿Es también una novela romántica?

Lo es. En este caso el argumento gira en torno a las dificultades que encuentra una mujer en una determinada etapa de la vida para encontrar pareja. La forma en que nos relacionamos con el sexo opuesto ha cambiado mucho en los últimos veinte años, cada vez se tiende más al aislamiento social. La tecnología digital avanza a un ritmo vertiginoso y nuestra evolución como personas no es tan veloz. Las redes sociales pueden ofrecer cierto amparo emocional ante la soledad pero no son capaces de sustituir el abrazo reconfortante de un amigo o el beso apasionado de un amante.

—¿Cómo percibes el mundo editorial en la actualidad y qué ventajas e inconvenientes le ves a la autopublicación?

La crisis económica está afectando a todos los sectores, y el editorial no es una excepción. A esto hay que sumar la poca conciencia social que existe en nuestro país ante la protección del trabajo intelectual. La suma de ambas cosas ha causado el desplome en la venta de libros. Es por tanto comprensible que las editoriales apuesten sobre seguro. Mi experiencia con la autopublicación es buena con ambas novelas, yo soy optimista al respecto y seguiré autopublicando. Es una buena opción si el autor se toma en serio su trabajo, ya que cualquiera puede hacerlo, y si no se adoptan unas mínimas pautas de calidad el perjuicio repercute sobre todos los escritores independientes. Por otro lado, quien decide autopublicarse debe ser consciente de que tendrá que dirigir todo el proceso, y eso tiene sus dificultades, que para algunos pueden ser insalvables. Hay que volverse un experto en edición, maquetación, diseño de portadas y marketing. Afortunadamente cada vez contamos con mayor número de servicios que se ajustan a los presupuestos del autor independiente.

—¿Qué haces para que tu obra sea visible?

Intento promoverlas en las redes sociales como Facebook o Twitter. Son buenas herramientas para difundir las novelas y estar en contacto con los lectores. Es cierto que esto exige un esfuerzo añadido para el autor, pero independientemente de que este sea autopublicado o reciba el apoyo de una editorial, la promoción por estos canales es inevitable y aconsejable.

—Algunas editoriales están contratando autoras de novela romántica, ¿alguna se ha puesto ya en contacto contigo? Si no es así, ¿te gustaría que se interesaran por tu obra?

La ventaja de las editoriales es que te pueden ofrecer una distribución en papel que como autopublicado sería imposible imaginar. He tenido dos ofertas editoriales desde que subí mi primera novela a Amazon, hace dos años, pero la capacidad de distribución que me ofrecían no compensaba la cesión de derechos. A todos los autores nos gustaría encontrar nuestras novelas en las librerías, a mí también, pero no es algo en lo que piense a menudo. He comprobado que con esfuerzo, un poco de calidad y una buena historia, puedes llegar a miles de lectores sin intermediarios. Y eso es genial.

En este punto terminamos la entrevista y el paseo, podríamos haber seguido charlando, pero yo tenía que volver a Madrid y me esperaban unas horas de viaje. Mayte me parece una persona encantadora, amable y sensata, de esas con las que da gusto conversar. Mantiene una actitud positiva ante la vida y es además una excelente compañera de letras. Buena escritora. Creo que ya empieza a creerlo.

Me acompaña hasta mi coche, nos despedimos con un par de besos y nos deseamos suerte. 

martes, 2 de diciembre de 2014

Entrevista en el blog "Libros que voy leyendo"

Entrevistamos a Mayte F. Uceda, una de las escritoras que hemos descubierto recientemente a través de su novela "Un amor para Rebeca", un libro que está teniendo una excelente acogida entre el público.

¿Cuándo decidiste dejar de escribir sólo para ti y compartirlo con el público? ¿Qué te motivó?

Antes de escribir mi primera novela tan solo había escrito letras de canciones y montones de diarios personales, por tanto mi caso no es el del típico autor que escribe cuentos o relatos desde pequeño y sueña con ser escritor. Mi primera vocación fue la musical. Me fascinaba desarrollar pequeñas historias a las que luego añadía una melodía. Fue una actividad que desarrollé durante muchos años y que me sirvió de base como forma de expresión, sobre todo a la hora de plasmar emociones. Cuando estaba finalizando “Los Ángeles de La Torre”, mi primera novela, ya conocía la plataforma de Amazon y tenía claro que ese sería su destino. Ni siquiera me planteé enviarla a una editorial, y tampoco lo he hecho con "Un amor para Rebeca". Quería que los lectores me marcaran el camino, si no hubiera logrado conectar con ellos posiblemente me dedicaría a otra cosa.

¿Cómo ha sido la experiencia de auto editarse?

La experiencia ha sido intensa. Al principio no tenía contacto con otros escritores autopublicados que pudieran orientarme en el proceso, así que tuve que aprenderlo todo yo sola. Cuando al fin le di al botón de “publicar” –un año más tarde de terminar la novela- la inexperiencia me hizo pensar: ¡Ya está! ¡Se acabó! No me daba cuenta de que entonces comenzaba otro trabajo que requería mayor esfuerzo que el de escribir, editar y maquetar. Ahora había que acercar la novela a los lectores. La promoción me parece lo más duro y pasa por volverte un experto en marketing y hacer un estudio de mercado –yo no lo hice, lo reconozco. ¿Quién puede hacer todo eso?-. Te creas un blog, una cuenta en Twitter, abres al público tu cuenta de Facebook, creas una página de fans para tu novela, tratas de llamar la atención de algún blog para que la reseñe –la mayoría de las veces sin éxito-, y al final te das cuenta de que estás haciendo de todo menos lo que de verdad te gusta: escribir.

¿Qué tipo de literatura sueles leer?

Siempre he leído de todo, pero depende mucho del momento, de cómo me sienta. Leo mucha novela, poca poesía, exceptuando a Benedetti, procuro no perder la costumbre de leer a los clásicos españoles o a los filósofos griegos que tanto nos enriquecen con su sabiduría. Desde hace unos años me interesa la pedagogía y el desarrollo psicológico de las personas, asignaturas obligatorias en la carrera de Educación Social que estudio como hobby, pero que se han convertido en una parte importante de mis lecturas habituales. Indagar en el comportamiento humano, en sus motivaciones, resulta muy útil a la hora de enfrentarse a las distintas personalidades de los personajes.

Tus dos libros son los número uno y más vendidos en su categoría en Amazon. ¿Te lo esperabas? ¿Qué se siente?

Para mí también ha sido una sorpresa. Es cierto que mi primera novela, “Los Ángeles de La Torre”, siempre ha estado bien situada en su categoría y tiene muy buenas opiniones. Pero fue tras publicar “Un amor para Rebeca” cuando el número de lectores creció considerablemente. ¿Qué se siente? Pues se siente uno muy bien, satisfecho de su trabajo. He invertido mucho tiempo y esfuerzo en ambas novelas y esto, junto con los mensajes cariñosos de los lectores, es el mejor premio, pues el económico, vendiendo a un precio simbólico de 1€ –del cual solo percibes un 35%- no es muy significativo.

¿Cómo surgió “Un amor para Rebeca”?

Siempre me ha gustado Escocia, tal vez porque soy asturiana y veo cierta conexión musical y paisajística entre los dos lugares. Hace tiempo que sigo a algunos grupos de música de este país y de otras naciones celtas. La inspiración para la novela tuvo que ver con el descubrimiento del grupo de música tribal escocesa “Albannach”. Decidí que escribiría una historia en la que apareciera un grupo similar. El personaje de Kenzie está inspirado en Jamesie Johnston, componente de Albannach, no en el aspecto físico, pero sí en el musical. Por otro lado, todo lo que había leído sobre Escocia se desarrollaba en la época de los clanes, y me pareció interesante crear una historia actual para demostrar que este país no solamente puede ofrecer su pasado como fuente de inspiración sino también su presente.

Este libro se nota que está escrito con mucho mimo. Los lugares, los personajes, las historias secundarias, todo está muy cuidado. Si tuvieras que elegir sólo una cosa ¿con qué te quedarías?

Es difícil porque hay algunas historias secundarias muy intensas. Si tuviera que elegir, me quedo con los lugares. Escribí la novela usando la aplicación “Google Earth”. Llegué a conocer el pueblo de Beauly como la palma de mi mano. Con este programa uno puede callejear por todos los rincones y describir fielmente cada detalle. Pero a final de este verano tuve la oportunidad de viajar a Escocia y recorrer en persona los lugares que tanto había estudiado sentada en casa frente al ordenador. Fue una experiencia fascinante. Recuerdo que cuando me apeé en la estación de tren de Beauly, el pueblo donde se desarrolla la historia, sentí una emoción inmensa. Era como si ya hubiera estado allí, todo era familiar. Fue un placer recorrer sus calles y hablar con la gente; los escoceses son lo mejor que tiene Escocia, son extremadamente amables y cercanos.

En esta historia, a través de dos de sus personajes muestras dos caras o puntos de vista de la Iglesia muy interesantes. ¿Crees que la institución se está modernizando?

Desde luego, pero lleva muchos años haciéndolo. Si no fuera así, todavía se consideraría pecado bailar agarrado, como cuenta Arturo Pérez-Reverte en uno de sus últimos artículos. La Iglesia va adaptándose a los tiempos, solo que lo hace a paso lento. No podemos esperar un cambio brusco pero le conviene contemporizar con la sociedad en la que está inmersa, de otro modo, el número de fieles irá disminuyendo hasta extinguirse. Creo que la Iglesia está avocada a adoptar medidas a corto plazo, y en este sentido el Papa Francisco está trayendo un soplo de aire fresco a esta antigua institución. Mientras no se libere de algunas incongruencias, como son presentar el tema del sexo y de la mujer en una época que no le corresponde, seguirá manteniéndose ajena a la sociedad actual.

¿Sobre que tema o qué tipo de libro no escribirías?

Nunca me había planteado esa pregunta, pero nunca escribiría un libro que escudriñara en asuntos políticos o religiosos en profundidad. Eso suscitaría polémicas y a mí me interesa más la vida de los personajes. Tampoco me sentiría cómoda escribiendo un libro que basara su argumento en el sexo. Creo que la novela erótica actual está degradando el erotismo, la sensualidad. El erotismo no es tan gráfico ni tan explícito. Estas novelas tienen su público y me parece perfecto; nada que objetar en ese sentido, pero a mí me gusta escribir historias de amor, en las que por supuesto el sexo tiene un peso importante en ellas, pues es algo inherente a las relaciones de pareja. Se tiende a pensar que una escena de sexo consiste en describir el acto en sí, y frecuentemente se olvida la parte emocional. Una escena de sexo sin mostrar intercambio de emociones es aburrida y plana.

¿Para cuando la edición en papel?

Estoy trabajando para que la edición en papel salga antes de las navidades. Ya tengo el libro de prueba y estoy satisfecha con el resultado y con la adaptación que ha hecho de la portada el diseñador y también escritor Iván Hernández.


¿Estás trabajando ya en otro libro? ¿Qué proyectos tienes?

Estoy en pleno trabajo de documentación de mi tercera novela. Siempre intento que en mis libros se aprenda algo, introducir un contexto en el que el lector tenga la sensación de que, aparte de haber leído una buena historia, pueda decir que sabe algo que antes no sabía.
También quiero seguir publicando relatos en mi blog, me sirve para sacar a la luz las historias que me rondan la cabeza y que no podría convertir en novelas por falta de tiempo.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Yo: un árbol


Soy un roble centenario, tan viejo que no recuerdo mis primeros brotes. He visto amanecer miles de soles y he dormido bajo la luz de mil lunas. Entre los pliegues de mi tronco se adivina lo larga que ha sido mi existencia. Por mis hojas se han deslizado, a millones, las gotas frescas de la lluvia.
Nací en un tiempo que ya no sois capaces de imaginar, donde vuestras mayores comodidades ni siquiera eran el proyecto en la cabeza de un loco. Nada de lo que conocéis ahora era dado entonces a los habitantes de mis primeros años.

Mis raíces se enterraban bajo la hojarasca mucho antes de que vuestros padres abrieran los ojos al mundo, y los padres de vuestros padres...
Yo ya estaba aquí, disfrutando de la maravillosa aventura que es la vida. 
Os he visto mudar la piel tantas veces  que a menudo el tiempo me confunde.
  
Mi vida no ha sido solitaria, pues desde el comienzo aprendí a compartir mi espacio natural con abedules de troncos plateados, elegantes castaños  y esbeltas hayas que me hacían compañía. Convivimos en armonía disfrutando de nuestros ritmos vitales; adormeciéndonos durante el invierno, soltando juntos nuestras hojas y resurgiendo con feroz vivacidad durante la primavera.
La primavera..., qué periodo maravilloso. Despertamos de nuestro profundo sueño y comenzamos un nuevo ciclo.

Pero ahora solo quedo yo.

Vivo rodeado de nuevos compañeros a los que nunca había visto. Los llaman "eucaliptos" aunque para mí son solo "larguiruchos", y son diferentes; nunca duermen, nunca reposan, sus hojas permanecen aferradas tercamente a sus ramas y beben tanta agua que casi no me dejan nada.

En cuanto a vosotros...; qué seres tan extraños. A veces os acercáis demasiado con artefactos amenazadores y alteráis la tranquilidad de mi descanso con sonidos infernales. 
Venís, aniquiláis a los larguiruchos y os vais.

Cuando esto ocurre, me pongo nervioso.
Pero en mí nunca os habéis fijado.

Hace unos años, apenas un suspiro en mi larga vida, unos humanos vinieron a ver un campo aledaño que suelo acariciar con las ramas. Una mujer se colocó junto a mí y me miró como ningún humano me había mirado antes; con detenimiento, con desacostumbrado entusiasmo. La cobijé durante un instante y ella admiró mi agradable sombra y mis largas ramas.
Poco después, los humanos construyeron su refugio a mi lado y, para mi sorpresa, comenzaron a cuidarme.
Arrancaban las asfixiantes hiedras que se me enroscaban al tronco, podaban mis ramas secas y se reunían al refugio de mi sombra.
Un día la mujer me trajo un regalo; un carillón de viento que colgó de una de mis ramas más bajas. Cuán grande fue mi sorpresa al escuchar aquella hermosa melodía. Desde entonces, cuando sopla el viento del nordeste que refresca mi ramaje, me deleito con su sonido. A veces ella me acompaña, y entonces los dos escuchamos en silencio.

Fue entonces  cuando comprendí que no todos sois iguales.

Esta mañana habéis vuelto con vuestra maquinaria diabólica. Pobres larguiruchos, pensé. Reconozco que alguna vez me he regocijado cuando os los llevabais; son tan numerosos que asedian mi espacio vital impunemente, empujándome el tronco  hasta lograr que mi porte erecto se encorve en un ángulo humillante.
Aunque, en el fondo, siempre me han dado algo de lástima. 

Pero esta vez no veníais a por ellos.

Veníais a por mí.

Apenas fui consciente de lo que pasaba. En un instante, aquel hombre hundió el artefacto en la base de mi tronco. Quise gritar de pavor, agitar las ramas con desesperación para que alguien pudiera socorrerme. Pero no tuve tiempo. Mi tronco comenzó a inclinarse, y a inclinarse, hasta que caí indefenso sobre el terreno.
Entonces la vi, la mujer corría hacia mí con el rostro desencajado. 
Nunca habría imaginado que tuviera una voz tan potente.

Aunque era demasiado tarde.

-¡¿Qué hacéis?! -gritó con desesperación-. ¡El árbol es mío! ¡Es mío!
-Es mío -dijo un anciano-. Y necesito su madera.
-¡No! -volvió a gritar ella, sin dar crédito a lo que había ocurrido.

Ojalá hubiera podido hablar, aunque me costara mi último aliento. Le hubiera dicho al anciano que yo sé a quién pertenezco. Le pertenezco a ella. Por haber reído y llorado junto a mí, por haber imaginado historias sorprendentes bajo mi sombra, por haberme cuidado como nadie lo había hecho y por extasiarse con el verdor de mis hojas...

Mientras agonizo en el suelo la veo acercarse con los ojos bañados en lágrimas. 
Puedo leer sus pensamientos; se lamenta por no haber llegado a tiempo.
Me gustaría decirle que no es culpa suya, que todo se termina, incluso una vida larga como la mía.
Vuelvo a la tierra, ignoro de qué modo ni en qué forma, pero sé que volveré a formar parte del ciclo de la vida, la misma que se renueva con cada comienzo, la que jamás se extingue, tan solo se transforma.






miércoles, 22 de octubre de 2014

Cómo escribir una carta de amor



«El producto más franco, más libre y más privado de la mente y del corazón humano es una carta de amor», dijo Mark Twain.
Estoy de acuerdo con las palabras del escritor estadounidense, pues las cartas de amor son textos con una intensa carga emocional, documentos privados cuya categoría ha trascendido para convertirse en un género literario específico. Hoy en día son numerosos los concursos que abren las puertas a la imaginación, a la producción de textos hermosos dedicados al amor.

Se ha escrito mucho sobre cómo escribir cartas de amor, y he descubierto que existen espacios virtuales donde elaboran cartas de amor a medida. Basta con introducir el nombre del ser amado y algún pequeño dato para que un programa nos diseñe nuestra carta personalizada, una versión moderna de Cyrano de Bergerac que las nuevas tecnologías ponen a disposición de los que tienen dificultades para expresar sus sentimientos. También Vargas Llosa confesó haber escrito cartas de amor para sus compañeros cuando estos no sabían cómo contestarlas.

No siempre es sencillo plasmar con palabras las emociones, y en este caso lo más importante es que el destinatario de la misiva comprenda nuestros sentimientos sin contar con las ventajas del lenguaje no verbal que tanto favorece la comunicación entre personas.

Si dividimos una carta en varias partes, posiblemente el saludo y la despedida sean los puntos a los que menos esfuerzo dedicamos, por considerar que ejercen una menor influencia en el destinatario. De esta manera, habrá cartas que después de un esmerado discurso amoroso dejen un residuo amargo al receptor a causa de una despedida fría y torpe o de un saludo inapropiado. Por tanto, conviene pensar detenidamente en estos dos apartados y no considerarlos de poca importancia. 

En el cuerpo de la carta pondremos a prueba nuestra capacidad de expresión escrita. No debemos tratar de imitar ni transcribir frases de amor que ya han escrito otros. Debemos huir de un lenguaje ampuloso que pueda entorpecer la comprensión de nuestro mensaje, así como de expresiones cursis o demasiado poéticas. La sencillez y la naturalidad serán las protagonistas de una buena carta de amor.
Mostraremos entre letras los rasgos de nuestra personalidad; al destinatario le gustará reconocernos en ellas. La necesidad parece obligarnos a la cercanía, y el receptor debe sentirnos cerca.

Cada relación es única, cada sentimiento irrepetible. La personalización se hace indispensable y los sentimientos se deben mostrar en profundidad, sin llegar a ser demasiado efusivos ni tampoco quedarnos en la superficie de nuestras emociones. 
El argumento de nuestra carta saldrá más fácilmente cuantas más cosas nos unan con la otra persona, aunque es cierto que se han escrito epístolas muy bellas dedicadas a un amor no correspondido o incluso dirigidas a alguien desconocido.

Las imágenes también serán efectivas e inspiradoras, tener cerca una fotografía nos evocará anécdotas y vivencias en las que sustentar nuestras palabras.
Por último, no importa que el destino final de la carta sea un concurso literario o el amor de toda una vida, los resultados siempre dependerán de nuestra transparencia a la hora de expresarnos.

viernes, 3 de octubre de 2014

Un amor para Rebeca

Cuando se pone punto y final a una novela, se percibe una sensación extraña. Es como si dejara de formar parte de ti para convertirse en algo autónomo e independiente.
Han sido varias fases, como bien saben aquellos que invierten parte de su tiempo en escribir historias. Para mí era la segunda vez, y reconozco que fue mucho más fácil que la primera, y los apoyos más numerosos.

Siempre me ha fascinado Escocia, tal vez sea porque, aunque está lejos (no tanto), su paisaje y su folclore tienen cierta similitud con mi región: Asturias. Por eso, desde hace muchos años, soy aficionada a su música y a la literatura que desarrolla historias en esas tierras de lagos profundos y cielos plomizos.
Fue al descubrir a un grupo de música tribal escocesa, Albannach, cuando comenzó a germinar Un amor para Rebeca.
El proyecto me cautivó.

Sin embargo, quería que fuera una novela contemporánea, ya que casi todo lo que se escribe sobre Escocia se desarrolla en la época de los clanes.
Pero las Highlands aún existen en Escocia y, por ende, también los highlanders. 
Llegó el momento de ser creativos.
Y una vez más yo quería hacer algo diferente, que combinara las reminiscencias del pasado con las percepciones del presente.

Esta fue, sin duda, la parte más delicada, llegar a conocer de qué manera influye en la vida actual los acontecimientos del pasado, un pasado turbulento que condenó a esta vieja nación a resurgir de las cenizas del hambre y de la muerte.

Hace algo más de doscientos años, la vida social, cultural y política de Escocia estaba regida por el sistema de clanes, una forma de vida que se vio condenada a desaparecer después del último y fracasado enfrentamiento con las tropas británicas en 1746, al cual siguió una época de represión brutal por parte del ejército de su majestad, Jorge II, contra los rebeldes e insumisos escoceses. Este fue el punto de partida de viejos rencores que, aún hoy en día, perviven en parte de la sociedad escocesa, esa parte -cuarenta y cinco por ciento- que estaba dispuesta a sacrificar su bienestar social y económico en favor de la independencia del Reino Unido.

Durante los últimos meses, el debate sobre el referéndum escocés ha estado en los Medios casi a diario, pero realmente no son muchos los que conocen el trasfondo histórico-político que ha empujado a la opción secesionista. 
No voy a entrar en cuestiones políticas, cada cual que investigue y saque sus propias conclusiones. Pero los resultados ya los conocemos.

Albannach  tribal band
Tuve la oportunidad de debatir con Jamesie Johnston (tercero por la izquierda), componente de Albannach (un grupo bastante reivindicativo y a favor de la independencia, todo hay que decirlo), acerca de lo que piensa el común de los mortales hoy en día en Escocia sobre aquellos sucesos.  Los escoceses son gente muy agradable, simpática y abierta, pero estos temas se deben tratar con ellos con extrema delicadeza. 
Como imaginaba,  la población está dividida entre los que darían cualquier cosa por romper el vínculo que los mantiene atados al Reino Unido, mientras que otros postulan que el pasado es eso: pasado, y que la unión los hace más fuertes. Al resto, no le importa demasiado, y se acoge al dogma de "Virgencita que me quede como estoy", que aunque tiene poco de doctrina o fundamento sí es un principio bastante respetable.

Mi reto era mostrar una visión de la Escocia moderna, pero también explicar el porqué de viejos rencores. Y si eso lo aderezamos con una bonita historia de amor entre una chica de Barcelona y un escocés de las Highlands que toca el tambor como nadie, el resultado es una visión cercana y actual narrada a través de las vivencias de Lola, Berta y Rebeca, tres amigas que viajan a la nación celta persiguiendo un sueño.




viernes, 1 de agosto de 2014

La magia de la Obsidiana



El título de esta entrada podría ser el de una nueva novela.
Pero no lo es.
Uno de los comentarios más bonitos que me han hecho sobre Los Ángeles de La Torre es que no es una historia simple y ya está, sino que uno descubre cosas nuevas entrelazadas con la historia. Pensando en este comentario, intenté extraer la información más interesante que se puede encontrar entre las páginas de la novela.

Lo primero que me vino a la cabeza fue la Obsidiana, una piedra considerada en muchas culturas como la "piedra de la verdad", capaz de abrir un tercer ojo hacia el conocimiento. Mi elección de esta piedra, como elemento mágico de la novela, no fue casual, sino que investigué su influencia en las culturas antiguas. Los mayas, por ejemplo, le atribuían poderes adivinatorios. 
Era perfecta para mi propósito.

La primera vez que la protagonista toma contacto con la piedra, es un momento especial:

«Ahí estaba, con la superficie lisa y brillante, redondeada y negra como la noche más oscura. Sentí fascinación por sus misteriosos poderes. Se me dilataron los ojos de admiración y la observé, hipnotizada.
Al cabo de un rato, unos finos hilos nebulosos comenzaron a recorrer la superficie de la obsidiana. Percibí dentro de mí una extraña conexión con la piedra; como si ésta fuese un ente vivo capaz de interactuar con mi mente.  Los hilos formaron una nube que se movía; iba y venía, aparecía y desaparecía y se iba agrandando. Pero no podía distinguir ninguna imagen. Pequeñas nubes fluctuantes aparecieron alrededor de la mayor, como un rompecabezas que se va conformando poco a poco, hasta que la totalidad de la superficie estuvo llena. Las imágenes comenzaron a mostrarse delante de mis ojos. Primero sólo se trataba de tenues retazos difuminados que poco a poco iban adquiriendo nitidez. Luego, una fluctuación indecisa mostraba únicamente una visión estática y sin movimiento. Hice un último esfuerzo por centrar mi mente dentro de la negrura de la piedra y divisé una secuencia clara que mostraba una acción en todo su contexto». 

En el siguiente párrafo, conocemos en muy pocas líneas las cuatro Nobles Verdades que postula el budismo, las cuatro Virtudes Cardinales descritas en La República, la obra más influyente de Platón, y los cuatro elementos naturales en la Grecia clásica: ¡Waka!

«Ten siempre presente el número cuatro, porque cuatro son los elementos que perduran en el tiempo: el Agua y la Tierra. —Basir me mostró su mano con el puño cerrado. Cuando lo abrió, observé un montoncito de tierra que a continuación dejó caer de forma ceremoniosa sobre el agua. Me pregunté de dónde la habría sacado—.  El Fuego y el Aire —continuó, y entonces su puño volvió a abrirse lentamente mostrando una pequeña llama danzarina. Lo miré estupefacta, tratando de adivinar dónde estaba el truco. Lanzó un fuerte soplido sobre la llama, que tembló durante un único segundo más, y luego se extinguió. Iba a preguntar algo cuando él me detuvo, haciéndome un gesto con la mano—. Son también cuatro las Virtudes Cardinales que te guiarán en esta vida mundana: Fortaleza, Templanza, Prudencia y Justicia. Y cuatro son las Nobles Verdades que nos enseñan que toda existencia es sufrimiento; el origen del sufrimiento es el deseo; se puede acabar con el sufrimiento extinguiendo su causa; para acabar con la causa del sufrimiento seguiremos el Noble Camino hacia la Iluminación. Sólo así podrás llegar a ser una Mortlim justa y benévola».

Otra parte bonita de la novela es la que se desarrolla en las islas Lofoten. Reconozco que me aprendí la orografía del lugar al dedillo. ¿Sabéis lo que es una rorbu? Pues es la típica casita que usaban los pescadores de la costa oeste de noruega, especialmente en esas islas, y están construidas casi sobre el agua.


Esta es la primera impresión de la protagonista ante un paisaje tan espectacular.

«El terreno era irregular y estaba salpicado de grandes manchas blancas de nieve que traté de rodear para no pisar.
Qué hermosa combinación, pensé; nieve al lado del mar.
Las  montañas se alzaban con sus imponentes formas puntiagudas a escasos metros de la ancha olla marina, como blancos dientes afilados desafiando al cielo. Algunas cabañas se encontraban esparcidas por la orilla de la costa. Estaban construidas, al menos en su parte delantera, sobre troncos sumergidos en el mar, con su apariencia de casitas de patas zancudas  sobre el agua. Era un paisaje de bellos contrastes; por un lado el mar azul, en el que se distinguían pequeños islotes solitarios, refugio de aves marinas. Por otro, las montañas, que mostraban el color verde apagado en la base y el tono rocoso y grisáceo, intuido bajo la nieve, de las zonas más elevadas». 

El aria Nessun Dorma de la ópera Turandot, de Puccini, también tiene un capítulo destacado en la novela, y abre una conexión directa entre el protagonista masculino de Los Ángeles de La Torre, Jon Eriksson, y la princesa Turandot. Ambos poseen un alma de hielo que cuesta traspasar. Pero como el amor todo lo pueden...
Por cierto, me encanta esta portada tan actual que anuncia la ópera.

Por último, la historia de Lilith, dentro de la mitología hebrea, y su mención en la Biblia, es algo que me fascinó desde el principio, pero la información era muy escasa. No obstante, hallé la suficiente para dar vida a la historia de los Lilim, sus vástagos, unos personajes bastantes desconocidos pero que también forman parte del folclore judío. 

El resultado de todo este compendio de información se encuentra dentro del marco de fondo de una historia de amor, magia y aventuras que desde que la publiqué en diciembre de 2012 no ha dejado de darme satisfacciones. El blog de la novela http://losangelesdelatorre.com ha sido un lugar de encuentro con los lectores, a los que agradezco todos sus alentadores comentarios. Ellos me han dado la fuerza para seguir escribiendo.

Dentro de poco saldrá a la luz mi segunda novela, otra historia con la que estoy segura de que aprenderéis cosas nuevas. Por mi parte me conformo con recibir el mismo cariño y apoyo que conseguí con la primera.

Hoy, Los Ángeles de La Torre ocupa el puesto nº 18 del top 100 de Fantasía en Amazon.com. Agradezco de corazón a los lectores del otro lado del océano por permitirme seguir ahí, con esta historia a la que tengo tanto cariño. 


lunes, 9 de junio de 2014

Una carta para Lucía


Lucía sopló las velas de su tarta; dieciséis llamas danzarinas que oscilaron sobre un rico pastel decorado con merengue rosa. Un coro de voces adolescentes, casi infantiles, canturreó al unísono el «Cumpleaños feliz». Después vinieron los besos, los abrazos y los montones de regalos que consiguieron mantener en el rostro de la protagonista una enorme sonrisa.
Al final del día, cuando Lucía organizaba los regalos en su dormitorio, su madre llamó a la puerta. La vio entrar con una mirada extraña, un poco enrojecida. Dejó lo que estaba haciendo y la observó. Llevaba en la mano un sobre blanco que le extendió al aproximarse. Lo tomó y sonrió, agradecida, pensando que se trataba de otro regalo. Habría imaginado cualquier cosa menos lo que en verdad escondía aquel sobre.
—Es una carta de la abuela —le dijo su madre con cierta melancolía.
Lucía se sorprendió; su abuela padecía Alzheimer desde hacía diez años, y los últimos dos los había pasado postrada en una silla de ruedas. Ni siquiera recordaba haber mantenido con ella una conversación coherente. El único recuerdo que conservaba nítido era su voz cuando de niña la llamaba «princesa».   
Miró a su madre sin comprender el sentido de aquella carta.
—La abuela la escribió cuando eras pequeña. Me hizo prometer que no te la entregaría hasta que cumplieras dieciséis años.
Con íntima curiosidad, Lucía se sentó sobre la cama y abrió el sobre mientras su madre abandonaba en silencio el dormitorio.
Encontró dentro un par de hojas y una fotografía. El rostro de su abuela mostraba una sonrisa tierna y una mirada serena y apacible. Besó la imagen y trajo a la memoria las cosas que sabía sobre ella. Su madre le había contado que siempre quiso ser maestra, pero que en su época muchas mujeres no tuvieron la oportunidad de estudiar y se tenían que conformar con asistir unos pocos cursos a la escuela.  A los diecinueve años la empujaron  a casarse con un hombre mayor que ella, al que no amaba. Tras enviudar, joven y sin hijos,  por primera vez sintió que tomaba las riendas de su vida, así que dejó el pueblo y se marchó a la ciudad a perseguir su sueño. Trabajó de día y estudió de noche, y al cabo de unos años logró lo que tanto había deseado: ser maestra. Poco más tarde, comenzó a trabajar en un colegio, donde, cerca ya de la cuarentena, conocería al gran amor de su vida.
Lucía sintió tanta intriga por el contenido de aquella misiva que no se demoró ni un instante más. Desplegó las hojas y encontró una letra bonita y esbelta, escrita con bolígrafo azul.
Entonces comenzó a leer.

Mi pequeña Lucía:
Hace tiempo que me lleva rondando la idea de escribirte una carta. En estos momentos no eres más que una niña risueña y espabilada que llena de alegría mis días, pero pronto serás una mujer, y quiero dedicarte unas palabras antes de que mi memoria se sumerja sin remedio en esta enfermedad que aqueja a los viejos como yo, que nos roba los recuerdos de forma cruel e implacable y nos despoja de la oportunidad de morir lúcidos y arropados por las imágenes felices del pasado.
Poca cosa hay que un joven pueda aprovechar de un viejo, pues es bien sabido que los jóvenes no aprenden de la experiencia de sus mayores. Es algo natural; de otra forma la juventud no sería tal, y envejecer no tendría el único premio de consolación que, a estas alturas, nos ofrece la vida en última instancia: la sabiduría.
Cuando tenía tu edad, mis anhelos no eran diferentes a los tuyos. La esencia de las personas no cambia tanto a lo largo del tiempo, cambian las circunstancias, los contextos, pero, en el fondo,  la raíz de las penas y las alegrías sigue siendo la misma. Mi vida no ha sido fácil. Tampoco lo fue para el resto de mujeres de mi generación. Sin embargo, muchos han sido los logros, muchas las metas alcanzadas. Ahora es tu turno, Lucía; vuestro turno de sembrar futuro. No tengas miedo, no son necesarias grandes hazañas ni ilustres heroicidades, simplemente afila bien tu sentido de la igualdad y de la justicia.
Habrá momentos en los que te acordarás de mis palabras. Y aunque son muchas las cosas que han cambiado, aún no se vislumbra el final del recorrido. No encontrarás los mismos obstáculos que yo; serán otros diferentes, puede que más altos y más difíciles de derribar. Pensarás que exagero y que ya empiezo a chochear. Pero créeme cuando te digo que la sociedad se ha vuelto tirana con las mujeres; demasiado exigente, como si fuera el precio que debemos pagar por nuestras pretensiones de una sociedad igualitaria.
Tendrás la suerte de poder manejar tu vida, de resolver qué hacer con ella y hacia dónde virar el timón de tu destino. Podrás ser lo que tú quieras ser en todos los aspectos de la vida. No consientas que la carga hunda tus pies en el lodo, no te sientas culpable si alguna vez piensas que pesa demasiado, que no puedes cumplir con todo. Ese será el mal de tu tiempo. Otras desigualdades se irán subsanando con el paso de los años, pero ese mal irá creciendo, reclamando cada vez mayores demandas a las mujeres.
No olvides que en cada pilar que sostiene el mundo que te rodea se encuentra una mujer. Mujeres fuertes y valientes que lucharon para que tú pudieras albergar en tu interior el más preciado tesoro: la oportunidad de decidir. 
Vive una vida plena, consciente de tus actos, sé libre de pensamiento y, sobre todo, trata de ser feliz.
Me despido ya de ti, princesa. No te sientas triste, pues mi vida ha sido dichosa, y, a pesar de las sombras, ha estado llena de luz.
Ahora ve a ver a tu madre, sé que estará afligida. Consuela su pena con alguna palabra de cariño y leed juntas esta carta. Después, dedicadme una sonrisa.
Os quiere.
La abuela.
 
Lucía respiró hondo, salió del dormitorio y bajó las escaleras. Encontró a su madre al lado de la abuela, cuya conciencia permanecía recluida en algún lugar inexpugnable. Se acercó a ellas y besó con cariño la mejilla de la anciana.

—Gracias, abuela —le dijo al oído—. Es el mejor regalo del mundo.