jueves, 11 de diciembre de 2014

Una de escarabajos



Un amigo me dijo hace poco que lo importante de escribir entradas en un blog no es lo que cuentas sino cómo lo cuentas. Yo estoy de acuerdo con él, pero también le dije que hay temas a los que se les puede sacar poco rendimiento.
—Dime uno —me pinchó.
—No sé, el escarabajo que me encontré patas arriba hace unos días.
Después de soltar una de sus risotadas, esas que llaman la atención de todo el mundo alrededor y que a mí me hacen palidecer, me dijo:
—Quiero la historia de ese escarabajo.
—¡Anda ya! —le respondí. Bueno, le dije otra cosa, pero aquí quedaría feo—. Si quieres escribo sobre lo bonito que ha sido hoy el amanecer, sobre los colores que formaron las nubes en el horizonte…
—Qué aburrimiento. Cuéntame qué pasó con el escarabajo, tratándose de ti seguro que ha sido toda una aventura.

Puse cara de circunstancia y le dije que era un exagerado. Luego cambié de tema para que se olvidara del asunto.

Esa noche me fui a dormir con el coleóptero girando en círculos a cinco centímetros al norte de mi cabeza, como si fuera un b-boy haciendo breakdance (un "b-beetle", en este caso), dispuesto a no dejarme pegar ojo con sus acrobacias. 
En buena hora se había cruzado en mi camino, aunque, a decir verdad, yo me había cruzado en el suyo porque él poco podía hacer para apartarse de mi trayectoria. Era la tercera vez en dos días que lo encontraba de esa guisa; pateando al aire y esperando indefenso un final poco alentador.

Confieso que soy muy sensiblera cuando se trata de animales, y que enseguida hago pucheros si encuentro a uno en apuros, aunque mida dos centímetros cuadrados, sea negro como un agujero... ídem, y feo con exponente elevado al infinito.

Por eso mismo, porque me dan lástima, jamás reconoceré haber atropellado a aquel sapo, por mucho que mi marido se empeñe en decir que le pasé por encima con la rueda de mi coche. Lo negaré incluso si me atan a un poste, me bañan los pies con sal y luego sueltan cuatro cabras para que laman mis pies durante tres horas (una extraña tortura china). Yo no lo vi, y además tendría que haber notado un «crunch» o un «plaf», o lo que sea que hagan los sapos cuando revi… uf, esto no puedo ponerlo.
Creo que me quería cargar a mí el muerto, pero yo me mantuve firme y ni siquiera me acerqué a ver la prueba del delito, el supuesto parchazo sanguinolento, la nueva dimensión extraplana que había adquirido el bufo bufo bajo la enorme y oscura rueda de mi coche; la presunta matasapos.

Y ojos que no ven, sapo que no existe.

Pero volvamos al escarabajo, que es lo que le interesa a mi amigo.

Lo que no acabo de entender, aunque el fantasma de Laplace se me meta en el cuerpo unos minutos, es por qué era yo, y solo yo, la que lo encontraba. ¡Somos tres en casa! Ya sé que no es una multitud, pese al dicho que dice que dos son compañía y tres.... En fin, que no me digáis que no es casualidad (ley de probabilidad fallida).  

El primer día me agaché veloz y ligera como una ardilla y, con un pequeño toque de mi dedo —sí, lo toqué, y no es para tanto—, su cuerpo quedó en la postura natural. 
Entonces reí con esa satisfacción que se siente ante las buenas acciones. «Hala, Leroy —lo llamé Leroy en honor al bailarín de Fama, aquella serie de hace mil años—, vete por ahí a comer lo que sea que comas», pensé. «Y para la próxima ten más cuidado».

Al día siguiente por la mañana volví a encontrarme a Leroy exactamente en la misma posición, pero en distinto lugar. Pensaréis que no se trataba del mismo escarabajo, pero era él, lo supe porque mantenía un diminuto trozo de hoja pegada al abdomen. 
Esta vez no me moví tan rápido como la primera y cuando me agaché a su lado me dije que al tal Leroy le gustaban las emociones fuertes. Tal vez fuera en escarabajo el equivalente humano a un Bear Grylls o un Frank de la jungla. Vamos, un suicida en potencia.

Le giré el cuerpo, por segunda vez, con una hoja, y se marchó en línea recta. «Me debes dos», pensé.

Esa misma tarde, Leroy apareció de nuevo ante mí, y no me sorprendió comprobar que en realidad no había avanzado mucho desde la mañana. Volvía a estar patas arriba, y así es difícil caminar. Polo, mi Yorkshire Terrier, estaba a mi lado. Arrimó el hocico a Leroy, amusgó las orejas y decidió que ni era peligroso ni apetecible. Luego me miró con cierto hastío.  «Este tío quiere que le maten», parecía decirme con la mirada.

Me dio por pensar que tal vez los escarabajos se reproducían de esta forma, con sus propatas, mesopatas y metapatas apuntando al firmamento, y que esa era la postura habitual para un escarabajo en celo… Pero esto me pareció una soberana tontería. Así que no comprobé si en realidad le estaba aguando la fiesta a Leroy o es que disfrutaba de una clase de yoga para escarabajos. Lo empujé de nuevo con un dedo y le di la vuelta.

Cuando lo estaba viendo desfilar a paso ridículo, se me ocurrió retirarlo del suelo de pizarra, que para él debía de ser como un desierto negro, y lo intenté llevar al césped. Pero cuando lo toqué, oí un débil sonido. Me sorprendí bastante, porque no sabía que algunos escarabajos fueran estriduladores, como los grillos o los saltamontes. 
Me quedó claro que no le gustaba que lo tocara, y creo que si el Dr. Dolittle hubiera estado a mi lado para traducir las señales sonoras del animal, posiblemente no me habría gustado lo que pensaba de mí.

Hace días que no veo a Leroy, y la verdad es que lo echo de menos. Ya me había acostumbrado a que me mostrara sus patitas en aquella postura embarazosa, poco digna incluso para un escarabajo.

En casa le hemos hecho un retrato robot, por si alguien lo encuentra. Se nos ha ido la mano con los colores pero si os lo imagináis un poco más moreno lo reconoceréis enseguida.




jueves, 4 de diciembre de 2014

Entrevista en "A golpe de tecla" (Revista literaria). Por Manuel Navarro

Hace tiempo que coincido en las redes sociales con Mayte Uceda y llevado por el deseo de conocerla mejor como persona y escritora, que aún se pregunta si lo es, le propuse hacerle una entrevista para la revista A golpe de tecla. Aceptó enseguida y pensé que era una buena ocasión para visitar Cudillero, una parroquia que forma parte del concejo del mismo nombre. Un lugar fascinante, situado en el Principado de Asturias, en la costa del mar Cantábrico.

Llegué a Cudillero a medio día. Habíamos quedado en un restaurante del puerto con vistas a un mar tranquilo y azul y, cuando llegué, con un cuarto de hora de retraso, ella me esperaba, sentada a una mesa. Después de los saludos llamamos al camarero y pedimos ensalada y un entrecot de ternera asturiana con salsa de cabrales y vino tinto. Hablamos animadamente de la familia, de las redes sociales y de los compañeros de escritura. Después de la comida pedimos un café y dimos una vuelta por el pueblo para despejar la cabeza y hablamos de ella misma y de su obra.  

Mayte ha publicado recientemente su segundo libro Un amor para Rebeca, una novela romántica que se ha situado pronto en los primeros puestos del TOP 100 de Amazon y está recibiendo muy buenas críticas de los lectores.


—Mayte, en primer lugar, dinos cómo es una jornada normal de Mayte Fernández Uceda o Mayte Uceda, como firmas ahora.

No tengo una rutina diaria planificada, vivo en una casa en el campo y a veces las actividades cotidianas dependen de factores tan imprevisibles como la climatología. Y eso, en un lugar como Asturias, es un factor importante. Siempre hay muchas cosas que hacer aunque procuro extraer tiempo para escribir por las mañanas, ponerme al día en las redes sociales y estudiar las asignaturas que haya escogido del Grado en Educación Social que estoy realizando. Por las tardes, la dinámica familiar gira en torno a las actividades extraescolares de mi hijo y sus estudios, y dejo la lectura para la noche, cuando la casa vuelve a estar en calma.


—¿Cuáles son tus aficiones además de escribir y leer?

La música y la pintura son mis otras grandes pasiones, aunque tengo que admitir que desde que comencé a escribir les dedico poco tiempo. Sin embargo, siempre que puedo paso un rato tocando la guitarra; me relaja y consigo que mis dedos se mantengan ágiles. También soy una amante de la naturaleza, disfruto haciendo senderismo o simplemente admirando un paisaje bello. En ese aspecto siento que soy afortunada; vivo en un entorno privilegiado, cerca del mar y de la montaña.  

—¿Qué tipo de literatura lees? ¿Cuáles son tus autores favoritos?

Mis gustos en cuanto a literatura siempre han sido muy variados. Algunas veces devoro biografías de personajes relevantes, otras me centro en conflictos bélicos, también me gusta la fantasía y la ciencia ficción, la novela policíaca, histórica… y, aunque parezca una paradoja, lo que menos he leído ha sido novela romántica. Intento acumular un buen bagaje literario de los clásicos españoles y de los filósofos griegos. Los libros sobre pedagogía y desarrollo psicológico forman parte de mi mesilla de noche desde hace varios años. En cuanto a mis autores favoritos… Me resulta difícil decidirme por unos pocos pero podría nombrar a Gabriel García Márquez, Palacio Valdés, Harper Lee, Jane Austen, Cervantes, J.R.R. Tolkien, George Orwell, Emilia Pardo Bazán, Richard Bach, la poesía de Benedetti… La lista podría ser muy larga, y seguro que me dejo a muchos.

—¿Cuándo decidiste que querías ser escritora y por qué?

Nunca tomé esa decisión. Fue algo que surgió. Siempre he sentido la necesidad de expresarme. Yo había compuesto la letra de muchas canciones, que no dejan de ser poemas a los que luego añadimos una melodía. El entorno que me rodea me inspiró una historia, y la fui construyendo hasta completar las casi quinientas páginas que tiene “Los Ángeles de La Torre”. Luego el veneno de crear nuevas historias me caló en las venas hasta convertirse en una parte importante en mi vida. No me considero escritora, siempre digo que soy autora de dos novelas, con esa definición me siento más a gusto.

—Tu novela Un amor para Rebeca está siendo un gran éxito. Desde el principio se ha situado en los primeros puestos de las listas de venta en Amazon y sigue subiendo. ¿Pensabas que podría tener tan buena acogida como está teniendo?

No imaginé que tendría un éxito tan inmediato. Tenía esperanzas en que la historia gustara, pero a veces es difícil que el lector acceda a tu obra. Para eso necesitas visibilidad, y conseguirla no siempre es fácil. Antes de publicarla tuve un momento importante de inseguridad. El sector de la novela romántica es un mercado saturado de obras y era consciente de la dificultad que supondría hacerse un hueco entre tantas novelas. Sin embargo, la historia de Rebeca gustó y, aunque no sé lo que le deparará el futuro, me siento satisfecha de sus logros.

—¿Cuáles crees tú que son los puntos fuertes de la novela?

Indudablemente, Escocia es la palabra clave, al menos es lo que atrae a los lectores en un primer momento, y así me lo hacen saber con sus mensajes. En el cine y en la literatura, Escocia es sinónimo de romanticismo; su paisaje, su cultura, su folclore… todo ello invita a soñar con historias maravillosas. Un amor para Rebeca conjuga todos estos elementos y ofrece una bonita historia de amor con todos los ingredientes de la novela clásica romántica: un intenso amor que surge de forma inesperada y que encuentra numerosos obstáculos que los protagonistas tendrán que salvar, o al menos lo intentarán, para estar juntos.

—¿Por qué elegiste Barcelona y, en especial, Escocia para ambientarla?

Necesitaba una gran ciudad que sirviera de punto de partida, y Barcelona me ofrecía todos los elementos que necesitaba. A la vez también era importante el contraste entre los dos contextos donde se desarrolla la historia. Barcelona y el pequeño pueblo escocés de Beauly no pueden ser más opuestos. Elegir Escocia no fue algo premeditado, simplemente sucedió a raíz de descubrir a un grupo de música tribal escocesa. Me gusta mucho la música con raíces celtas y el estilo de esta banda me llamó la atención. Fue en ese momento cuando se me ocurrió construir una historia en la que una banda parecida tuviera especial protagonismo.

—Hiciste un viaje a las Highlands después de escribirla, ¿habías estado antes allí? ¿Cómo te documentaste?

No había estado antes. La idea de viajar a Escocia era una ilusión desde hacía tiempo. La novela fue la excusa perfecta, aunque lo cierto es que lo hice justo al revés. Primero escribí la novela y una vez finalizada viajé a Escocia. Para la descripción de los paisajes usé la conocida aplicación Google Earth; es muy útil para definir los lugares con bastante precisión. De hecho, cuando finalmente puse los pies en Escocia me di cuenta de que mis descripciones eran exactas, aunque tuve tiempo de retocar algunas cosas. Las aplicaciones digitales pueden ser muy útiles pero, hasta el momento, no son capaces de transmitir sensaciones. Esos detalles son los que consiguen hacer que una descripción sea tridimensional y no plana; el olor a tierra húmeda, la sensación de la brisa fresca en la cara… Hay que hacer lo posible para introducir al lector dentro de la historia y que experimente las mismas sensaciones que perciben los personajes, que sientan que ha merecido la pena el viaje.

—Los personajes están todos bien caracterizados. Algunos de ellos como la señora Munro y Baudelia son entrañables, otros como Mario se hacen odiosos. ¿Cómo te inspiraste para definirlos?

La mayoría de mis personajes se van construyendo a sí mismos. Pienso en unas características físicas y, a medida que surgen las escenas, ellos solos van forjando su personalidad. Esto implica que cuando pongo el punto final tenga que reescribir hacia atrás; siempre lo hago, es una forma de atar cabos y reafirmar personalidades desde el principio. El caso de Baudelia fue diferente; su personaje lo introduje cuando la novela estaba bastante avanzada, y creo que ha sido un gran acierto. Lo he pasado muy bien creando sus diálogos, ya que al ser mexicana tuve que estudiar su forma particular de expresarse para que resultara creíble. Me gusta ponerme en la piel de las distintas personalidades que aparecen en mis novelas, me parece un reto fascinante. No solo disfruto con los buenos; crear una personalidad retorcida como la de Mario fue muy interesante.  

—Estás preparando la edición en papel, ¿cuándo estará disponible?

Estoy trabajando para que la versión impresa salga antes de las navidades. Ese es mi objetivo inmediato. Ya he recibido la primera prueba. Iván Hernández adaptó el diseño de la portada con gran profesionalidad y estoy muy satisfecha con el resultado.

—Háblanos de tu primera novela Los Ángeles de la torre. Qué diferencias hay entre las dos.

La diferencia más evidente es la temática. Los Ángeles de La Torre es una novela de romance paranormal que surgió cuando estaban tan de moda este tipo de historias. Sin embargo yo echaba de menos algo en todas las obras que leía; una base sólida en la que fundamentar el argumento. Por curiosidad, había estado indagando en la figura mitológica de Lilith. Lo que encontré me pareció tan interesante que decidí escribir una historia en torno a ese personaje. Los Ángeles de La Torre está narrada en primera persona desde la perspectiva de su joven protagonista. Lo hice así porque me resultó sencillo. Era mi primera novela y yo estaba acostumbrada a escribir diarios personales, así que me sentí muy cómoda escribiéndola, fue como escribir un diario en el que pasaban muchas cosas.  


—Por lo que me has contado en la comida, estás escribiendo una nueva novela. ¿De qué trata? ¿Es también una novela romántica?

Lo es. En este caso el argumento gira en torno a las dificultades que encuentra una mujer en una determinada etapa de la vida para encontrar pareja. La forma en que nos relacionamos con el sexo opuesto ha cambiado mucho en los últimos veinte años, cada vez se tiende más al aislamiento social. La tecnología digital avanza a un ritmo vertiginoso y nuestra evolución como personas no es tan veloz. Las redes sociales pueden ofrecer cierto amparo emocional ante la soledad pero no son capaces de sustituir el abrazo reconfortante de un amigo o el beso apasionado de un amante.

—¿Cómo percibes el mundo editorial en la actualidad y qué ventajas e inconvenientes le ves a la autopublicación?

La crisis económica está afectando a todos los sectores, y el editorial no es una excepción. A esto hay que sumar la poca conciencia social que existe en nuestro país ante la protección del trabajo intelectual. La suma de ambas cosas ha causado el desplome en la venta de libros. Es por tanto comprensible que las editoriales apuesten sobre seguro. Mi experiencia con la autopublicación es buena con ambas novelas, yo soy optimista al respecto y seguiré autopublicando. Es una buena opción si el autor se toma en serio su trabajo, ya que cualquiera puede hacerlo, y si no se adoptan unas mínimas pautas de calidad el perjuicio repercute sobre todos los escritores independientes. Por otro lado, quien decide autopublicarse debe ser consciente de que tendrá que dirigir todo el proceso, y eso tiene sus dificultades, que para algunos pueden ser insalvables. Hay que volverse un experto en edición, maquetación, diseño de portadas y marketing. Afortunadamente cada vez contamos con mayor número de servicios que se ajustan a los presupuestos del autor independiente.

—¿Qué haces para que tu obra sea visible?

Intento promoverlas en las redes sociales como Facebook o Twitter. Son buenas herramientas para difundir las novelas y estar en contacto con los lectores. Es cierto que esto exige un esfuerzo añadido para el autor, pero independientemente de que este sea autopublicado o reciba el apoyo de una editorial, la promoción por estos canales es inevitable y aconsejable.

—Algunas editoriales están contratando autoras de novela romántica, ¿alguna se ha puesto ya en contacto contigo? Si no es así, ¿te gustaría que se interesaran por tu obra?

La ventaja de las editoriales es que te pueden ofrecer una distribución en papel que como autopublicado sería imposible imaginar. He tenido dos ofertas editoriales desde que subí mi primera novela a Amazon, hace dos años, pero la capacidad de distribución que me ofrecían no compensaba la cesión de derechos. A todos los autores nos gustaría encontrar nuestras novelas en las librerías, a mí también, pero no es algo en lo que piense a menudo. He comprobado que con esfuerzo, un poco de calidad y una buena historia, puedes llegar a miles de lectores sin intermediarios. Y eso es genial.

En este punto terminamos la entrevista y el paseo, podríamos haber seguido charlando, pero yo tenía que volver a Madrid y me esperaban unas horas de viaje. Mayte me parece una persona encantadora, amable y sensata, de esas con las que da gusto conversar. Mantiene una actitud positiva ante la vida y es además una excelente compañera de letras. Buena escritora. Creo que ya empieza a creerlo.

Me acompaña hasta mi coche, nos despedimos con un par de besos y nos deseamos suerte. 

martes, 2 de diciembre de 2014

Entrevista en el blog "Libros que voy leyendo"

Entrevistamos a Mayte F. Uceda, una de las escritoras que hemos descubierto recientemente a través de su novela "Un amor para Rebeca", un libro que está teniendo una excelente acogida entre el público.

¿Cuándo decidiste dejar de escribir sólo para ti y compartirlo con el público? ¿Qué te motivó?

Antes de escribir mi primera novela tan solo había escrito letras de canciones y montones de diarios personales, por tanto mi caso no es el del típico autor que escribe cuentos o relatos desde pequeño y sueña con ser escritor. Mi primera vocación fue la musical. Me fascinaba desarrollar pequeñas historias a las que luego añadía una melodía. Fue una actividad que desarrollé durante muchos años y que me sirvió de base como forma de expresión, sobre todo a la hora de plasmar emociones. Cuando estaba finalizando “Los Ángeles de La Torre”, mi primera novela, ya conocía la plataforma de Amazon y tenía claro que ese sería su destino. Ni siquiera me planteé enviarla a una editorial, y tampoco lo he hecho con "Un amor para Rebeca". Quería que los lectores me marcaran el camino, si no hubiera logrado conectar con ellos posiblemente me dedicaría a otra cosa.

¿Cómo ha sido la experiencia de auto editarse?

La experiencia ha sido intensa. Al principio no tenía contacto con otros escritores autopublicados que pudieran orientarme en el proceso, así que tuve que aprenderlo todo yo sola. Cuando al fin le di al botón de “publicar” –un año más tarde de terminar la novela- la inexperiencia me hizo pensar: ¡Ya está! ¡Se acabó! No me daba cuenta de que entonces comenzaba otro trabajo que requería mayor esfuerzo que el de escribir, editar y maquetar. Ahora había que acercar la novela a los lectores. La promoción me parece lo más duro y pasa por volverte un experto en marketing y hacer un estudio de mercado –yo no lo hice, lo reconozco. ¿Quién puede hacer todo eso?-. Te creas un blog, una cuenta en Twitter, abres al público tu cuenta de Facebook, creas una página de fans para tu novela, tratas de llamar la atención de algún blog para que la reseñe –la mayoría de las veces sin éxito-, y al final te das cuenta de que estás haciendo de todo menos lo que de verdad te gusta: escribir.

¿Qué tipo de literatura sueles leer?

Siempre he leído de todo, pero depende mucho del momento, de cómo me sienta. Leo mucha novela, poca poesía, exceptuando a Benedetti, procuro no perder la costumbre de leer a los clásicos españoles o a los filósofos griegos que tanto nos enriquecen con su sabiduría. Desde hace unos años me interesa la pedagogía y el desarrollo psicológico de las personas, asignaturas obligatorias en la carrera de Educación Social que estudio como hobby, pero que se han convertido en una parte importante de mis lecturas habituales. Indagar en el comportamiento humano, en sus motivaciones, resulta muy útil a la hora de enfrentarse a las distintas personalidades de los personajes.

Tus dos libros son los número uno y más vendidos en su categoría en Amazon. ¿Te lo esperabas? ¿Qué se siente?

Para mí también ha sido una sorpresa. Es cierto que mi primera novela, “Los Ángeles de La Torre”, siempre ha estado bien situada en su categoría y tiene muy buenas opiniones. Pero fue tras publicar “Un amor para Rebeca” cuando el número de lectores creció considerablemente. ¿Qué se siente? Pues se siente uno muy bien, satisfecho de su trabajo. He invertido mucho tiempo y esfuerzo en ambas novelas y esto, junto con los mensajes cariñosos de los lectores, es el mejor premio, pues el económico, vendiendo a un precio simbólico de 1€ –del cual solo percibes un 35%- no es muy significativo.

¿Cómo surgió “Un amor para Rebeca”?

Siempre me ha gustado Escocia, tal vez porque soy asturiana y veo cierta conexión musical y paisajística entre los dos lugares. Hace tiempo que sigo a algunos grupos de música de este país y de otras naciones celtas. La inspiración para la novela tuvo que ver con el descubrimiento del grupo de música tribal escocesa “Albannach”. Decidí que escribiría una historia en la que apareciera un grupo similar. El personaje de Kenzie está inspirado en Jamesie Johnston, componente de Albannach, no en el aspecto físico, pero sí en el musical. Por otro lado, todo lo que había leído sobre Escocia se desarrollaba en la época de los clanes, y me pareció interesante crear una historia actual para demostrar que este país no solamente puede ofrecer su pasado como fuente de inspiración sino también su presente.

Este libro se nota que está escrito con mucho mimo. Los lugares, los personajes, las historias secundarias, todo está muy cuidado. Si tuvieras que elegir sólo una cosa ¿con qué te quedarías?

Es difícil porque hay algunas historias secundarias muy intensas. Si tuviera que elegir, me quedo con los lugares. Escribí la novela usando la aplicación “Google Earth”. Llegué a conocer el pueblo de Beauly como la palma de mi mano. Con este programa uno puede callejear por todos los rincones y describir fielmente cada detalle. Pero a final de este verano tuve la oportunidad de viajar a Escocia y recorrer en persona los lugares que tanto había estudiado sentada en casa frente al ordenador. Fue una experiencia fascinante. Recuerdo que cuando me apeé en la estación de tren de Beauly, el pueblo donde se desarrolla la historia, sentí una emoción inmensa. Era como si ya hubiera estado allí, todo era familiar. Fue un placer recorrer sus calles y hablar con la gente; los escoceses son lo mejor que tiene Escocia, son extremadamente amables y cercanos.

En esta historia, a través de dos de sus personajes muestras dos caras o puntos de vista de la Iglesia muy interesantes. ¿Crees que la institución se está modernizando?

Desde luego, pero lleva muchos años haciéndolo. Si no fuera así, todavía se consideraría pecado bailar agarrado, como cuenta Arturo Pérez-Reverte en uno de sus últimos artículos. La Iglesia va adaptándose a los tiempos, solo que lo hace a paso lento. No podemos esperar un cambio brusco pero le conviene contemporizar con la sociedad en la que está inmersa, de otro modo, el número de fieles irá disminuyendo hasta extinguirse. Creo que la Iglesia está avocada a adoptar medidas a corto plazo, y en este sentido el Papa Francisco está trayendo un soplo de aire fresco a esta antigua institución. Mientras no se libere de algunas incongruencias, como son presentar el tema del sexo y de la mujer en una época que no le corresponde, seguirá manteniéndose ajena a la sociedad actual.

¿Sobre que tema o qué tipo de libro no escribirías?

Nunca me había planteado esa pregunta, pero nunca escribiría un libro que escudriñara en asuntos políticos o religiosos en profundidad. Eso suscitaría polémicas y a mí me interesa más la vida de los personajes. Tampoco me sentiría cómoda escribiendo un libro que basara su argumento en el sexo. Creo que la novela erótica actual está degradando el erotismo, la sensualidad. El erotismo no es tan gráfico ni tan explícito. Estas novelas tienen su público y me parece perfecto; nada que objetar en ese sentido, pero a mí me gusta escribir historias de amor, en las que por supuesto el sexo tiene un peso importante en ellas, pues es algo inherente a las relaciones de pareja. Se tiende a pensar que una escena de sexo consiste en describir el acto en sí, y frecuentemente se olvida la parte emocional. Una escena de sexo sin mostrar intercambio de emociones es aburrida y plana.

¿Para cuando la edición en papel?

Estoy trabajando para que la edición en papel salga antes de las navidades. Ya tengo el libro de prueba y estoy satisfecha con el resultado y con la adaptación que ha hecho de la portada el diseñador y también escritor Iván Hernández.


¿Estás trabajando ya en otro libro? ¿Qué proyectos tienes?

Estoy en pleno trabajo de documentación de mi tercera novela. Siempre intento que en mis libros se aprenda algo, introducir un contexto en el que el lector tenga la sensación de que, aparte de haber leído una buena historia, pueda decir que sabe algo que antes no sabía.
También quiero seguir publicando relatos en mi blog, me sirve para sacar a la luz las historias que me rondan la cabeza y que no podría convertir en novelas por falta de tiempo.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Yo: un árbol


Soy un roble centenario, tan viejo que no recuerdo mis primeros brotes. He visto amanecer miles de soles y he dormido bajo la luz de mil lunas. Entre los pliegues de mi tronco se adivina lo larga que ha sido mi existencia. Por mis hojas se han deslizado, a millones, las gotas frescas de la lluvia.
Nací en un tiempo que ya no sois capaces de imaginar, donde vuestras mayores comodidades ni siquiera eran el proyecto en la cabeza de un loco. Nada de lo que conocéis ahora era dado entonces a los habitantes de mis primeros años.

Mis raíces se enterraban bajo la hojarasca mucho antes de que vuestros padres abrieran los ojos al mundo, y los padres de vuestros padres...
Yo ya estaba aquí, disfrutando de la maravillosa aventura que es la vida. 
Os he visto mudar la piel tantas veces  que a menudo el tiempo me confunde.
  
Mi vida no ha sido solitaria, pues desde el comienzo aprendí a compartir mi espacio natural con abedules de troncos plateados, elegantes castaños  y esbeltas hayas que me hacían compañía. Convivimos en armonía disfrutando de nuestros ritmos vitales; adormeciéndonos durante el invierno, soltando juntos nuestras hojas y resurgiendo con feroz vivacidad durante la primavera.
La primavera..., qué periodo maravilloso. Despertamos de nuestro profundo sueño y comenzamos un nuevo ciclo.

Pero ahora solo quedo yo.

Vivo rodeado de nuevos compañeros a los que nunca había visto. Los llaman "eucaliptos" aunque para mí son solo "larguiruchos", y son diferentes; nunca duermen, nunca reposan, sus hojas permanecen aferradas tercamente a sus ramas y beben tanta agua que casi no me dejan nada.

En cuanto a vosotros...; qué seres tan extraños. A veces os acercáis demasiado con artefactos amenazadores y alteráis la tranquilidad de mi descanso con sonidos infernales. 
Venís, aniquiláis a los larguiruchos y os vais.

Cuando esto ocurre, me pongo nervioso.
Pero en mí nunca os habéis fijado.

Hace unos años, apenas un suspiro en mi larga vida, unos humanos vinieron a ver un campo aledaño que suelo acariciar con las ramas. Una mujer se colocó junto a mí y me miró como ningún humano me había mirado antes; con detenimiento, con desacostumbrado entusiasmo. La cobijé durante un instante y ella admiró mi agradable sombra y mis largas ramas.
Poco después, los humanos construyeron su refugio a mi lado y, para mi sorpresa, comenzaron a cuidarme.
Arrancaban las asfixiantes hiedras que se me enroscaban al tronco, podaban mis ramas secas y se reunían al refugio de mi sombra.
Un día la mujer me trajo un regalo; un carillón de viento que colgó de una de mis ramas más bajas. Cuán grande fue mi sorpresa al escuchar aquella hermosa melodía. Desde entonces, cuando sopla el viento del nordeste que refresca mi ramaje, me deleito con su sonido. A veces ella me acompaña, y entonces los dos escuchamos en silencio.

Fue entonces  cuando comprendí que no todos sois iguales.

Esta mañana habéis vuelto con vuestra maquinaria diabólica. Pobres larguiruchos, pensé. Reconozco que alguna vez me he regocijado cuando os los llevabais; son tan numerosos que asedian mi espacio vital impunemente, empujándome el tronco  hasta lograr que mi porte erecto se encorve en un ángulo humillante.
Aunque, en el fondo, siempre me han dado algo de lástima. 

Pero esta vez no veníais a por ellos.

Veníais a por mí.

Apenas fui consciente de lo que pasaba. En un instante, aquel hombre hundió el artefacto en la base de mi tronco. Quise gritar de pavor, agitar las ramas con desesperación para que alguien pudiera socorrerme. Pero no tuve tiempo. Mi tronco comenzó a inclinarse, y a inclinarse, hasta que caí indefenso sobre el terreno.
Entonces la vi, la mujer corría hacia mí con el rostro desencajado. 
Nunca habría imaginado que tuviera una voz tan potente.

Aunque era demasiado tarde.

-¡¿Qué hacéis?! -gritó con desesperación-. ¡El árbol es mío! ¡Es mío!
-Es mío -dijo un anciano-. Y necesito su madera.
-¡No! -volvió a gritar ella, sin dar crédito a lo que había ocurrido.

Ojalá hubiera podido hablar, aunque me costara mi último aliento. Le hubiera dicho al anciano que yo sé a quién pertenezco. Le pertenezco a ella. Por haber reído y llorado junto a mí, por haber imaginado historias sorprendentes bajo mi sombra, por haberme cuidado como nadie lo había hecho y por extasiarse con el verdor de mis hojas...

Mientras agonizo en el suelo la veo acercarse con los ojos bañados en lágrimas. 
Puedo leer sus pensamientos; se lamenta por no haber llegado a tiempo.
Me gustaría decirle que no es culpa suya, que todo se termina, incluso una vida larga como la mía.
Vuelvo a la tierra, ignoro de qué modo ni en qué forma, pero sé que volveré a formar parte del ciclo de la vida, la misma que se renueva con cada comienzo, la que jamás se extingue, tan solo se transforma.