lunes, 12 de enero de 2015

50 Sombras de Grey, ¿una cuestión de sexo?

El señor Grey; billonario y guapo, y Anastasia


Leí el primer volumen de las Cincuenta Sombras y me quedé ahí. Traté de terminar el segundo pero me pareció que la historia daba vueltas sin sentido para completar la trilogía y lo abandoné. No voy a entrar en si tiene calidad o no, no soy crítico literario, pero si han entretenido a 100 millones de lectores por algo será.

A veces estamos tan obsesionados con la calidad literaria que olvidamos la otra parte fundamental en todo esto: ofrecer historias que conmuevan, que rompan los esquemas, que sorprendan, que calen hondo. Las ideas forman parte de la creatividad individual de cada autor, la calidad puede mejorarse siempre, pero la creatividad es más difícil de desarrollar.
Y también es una cualidad muy valorada por el sector editorial.
No afirmo con esto que la trilogía de Grey sea una idea brillante, de hecho surgió de un Fanfic de Crepúsculo, pero la esencia de esos textos se reconvirtió brillantemente en una historia capaz de arrasar en las listas de ventas.

Una potente campaña de marketing también tuvo algo que ver con el asunto, para qué negarlo.

Lo que siempre me ha llamado la atención es que se atribuya el éxito de las novelas de E. L. James al gran contenido sexual que ofrece.
Se ha llegado a decir de todo:
1. Que si las mujeres estamos reprimidas sexualmente...
2. Que si insatisfechas...
3. Que si...
¿En serio?
Lo de "porno para mamás" ya me parece el colmo de lo absurdo.

Hablo de la sociedad en la que vivo, pues ignoro el grado de libertad sexual que existe en otros lugares, pero en este país (España) hace años que se han roto esas cadenas. Y si antes la mujer no leía tanta literatura erótica era posiblemente porque estaba escrita por hombres o no se mostraba con el envoltorio adecuado.

Entonces, si no es el sexo, ¿cuál es el factor decisivo en el éxito de las Sombras de Grey?

El vampiro  y la humana.
El mismo que hizo de la Saga Crepúsculo otro éxito de ventas: el envoltorio, la relación de poder y el instinto sobreprotector; proteger al ser amado a costa de la propia vida si fuera necesario; un cliché que ha funcionado en el cine y la literatura desde siempre.
Dos novelas, un factor en común, una con escenas sexuales explícitas y la otra no.

Cincuenta Sombras habría tenido el mismo éxito si la autora hubiera soslayado las escenas de sexo y las hubiera descrito de forma más moderada.

Lo que realmente apasiona de la historia es, sin lugar a dudas, la relación que establece un hombre como Grey, tremendamente atractivo y multimillonario, con una chica ingenua e inocente como Anastasia.
Sus peculiares gustos sexuales son solo un aliciente añadido.
La combinación de todo ello resulta explosiva.

No os equivoquéis, da igual que se trate de un vampiro, de un hombre de negocios o de un enano de Erebor. Siempre y cuando -factor indispensable- sea un ser muy poderoso. Este factor tiene su explicación biológica, pero sería largo de explicar. Un resumen podría ser: ellos las prefieren bellas, nosotras los preferimos poderosos. Es algo que llevamos dentro, ese instinto ancestral de elegir al más fuerte que proteja nuestra prole.
La naturaleza es sabia.
Y "fuerte" en nuestros tiempos significa disponer de abundantes recursos económicos.
Es solo una reconversión de poderes; hoy nuestra jungla es otra, y no sobrevive mejor quien pega más fuerte o caza las mejores presas, sino quien tiene mayor poder.
Mayor poder igual a mayor seguridad.
Las reminiscencias del pasado aún perviven en nuestro subconsciente.
Así son las cosas.

Si encima de poderoso nuestro protagonista es también muy atractivo...
Entonces tenemos la conjunción perfecta.
¿Os suena Pretty Woman?
Los clichés o personajes estereotipados funcionan, el que piense de otra forma se equivoca. Si Grey tuviera la apariencia del vecino del cuarto, que jamás ha pisado un gimnasio y al que le encantan los donuts, no habría historia.
Así de simple.
El aspecto de ella, en este caso, no tiene mayor importancia, porque hablamos de literatura dirigida a las mujeres, independientemente de si son mamás o no.

Un ser que se desvive por facilitarte la vida, te trata como a la reina de su universo y que es capaz de enfrentarse a quien haga falta para protegerte, es un sueño cumplido.
Y todo a cambio de un pequeño e insignificante inconveniente; unos colmillos afilados, unas singulares tendencias sexuales...

Detalles...

Muchas de las novelas que han intentado subirse a la estela de la obra de James han caído en el error de creer que solo por ofrecer sexo ya tenían a un sector de los lectores ganado. Y nada más lejos de la realidad.
Tienden a pensar que una escena de sexo es solo eso, sexo, y encima lo describen con un vocabulario vulgar para ofrecer una versión más transgresora y atrevida.
Frecuentemente olvidan el componente sentimental de la historia, ese que, independientemente del contenido sexual, hará que el lector o lectora se emocione, vibre, incluso suspire.

Una escena sexual será más evocadora cuanto más intercambio de emociones transmita, no cuanto más descriptiva y gráfica sea.

Si solo narramos los actos físicos de una forma explícita, haciendo del sentido del tacto y de la vista los únicos protagonistas, la escena resulta aburrida y poco sugerente. Sin embargo, si introducimos el oído (un sentido poderoso, y el que más puede estimular el deseo en una mujer), o el olfato, la escena cobrará vida en nuestra mente.

...el fino vello del pecho le rozó la piel delicada. Sintió su calor y aspiró el aroma de su cuerpo. Kenzie olía a una sensual mezcla de piel fresca, suave sudor y aceite de motor. Pero también olía a otras muchas cosas, adheridas a él como la fragancia de la flor impregnada en la mariposa. Puede que su olfato no lograra percibirlas, pero estaban ahí, adscritas a su piel. Era el aroma de las olas, de los ríos, del murmullo del viento y de los bosques húmedos de Skye.

Y no nos olvidemos del diálogo; un recurso importante que otorgará mayor carga emocional a la escena.

—Mírame —le pidió él, apresando su rostro con las manos.
Ella tardó unos segundos en centrarse y, cuando lo miró, olvidó una vida entera de inhibiciones.
—Te necesito ahora —se oyó decir. Pero su voz sonó rara, como si fuera otra persona la que pronunciara esas palabras.
—Mírame, Rebeca —insistió.
Obedeció, perdiéndose en la profundidad de sus ojos mientras él se hundía en su cuerpo con suavidad y a la vez con decisión. Al sentirlo en su interior, su espalda se arqueó y su boca emitió un suspiro prolongado...

Cuando me encontraba escribiendo "Un amor para Rebeca" tuve que decidir cuánta carga erótica tendrían los encuentros amorosos. Evidentemente nunca fue mi intención pasar de puntillas y eludir estas descripciones, la sexualidad es parte inherente a las relaciones de pareja y yo quería sobre todo transmitir ese intercambio de emociones que experimentan los personajes, sin evitar el contenido sexual, pero no haciendo de ello el eje principal de las escenas.
Tenía claro que daría prioridad a los sentimientos.

Él se detuvo un instante y la miró; los ojos fogosos, enardecidos.
—Prométeme que no me dejarás.
Ella no podía hablar, solamente sentir. Temblaba de placer en tanto se aferraba a la presencia masculina que invadía sus entrañas. 

A veces alguien cercano me dice: "Te has quedado corta", y yo creo que no ha leído bien la novela, plagada de momentos que desbordan erotismo y sensualidad.
Otra cosa es que el lector sepa encontrarlos. También es posible que ahora solo se considere erótico lo que es gráfico y explícito.
Pero en realidad, el erotismo está más ligado al deseo que al acto sexual.

...la mano comenzó un suave movimiento indagador, buscando la tersura y la tibieza de la piel bajo la corta camiseta. Fue un gesto inapreciable para todos, excepto para Rebeca, que experimentó por primera vez un instante de erotismo. Así lo determinaba su corazón desbocado. Tan solo un roce y su cuerpo reaccionaba perdiendo el control. Siempre había pensado que el erotismo era un asunto peligroso que no encajaba con su personalidad. Pero entonces, ¿qué nombre poner a aquellas sensaciones? ¿Cómo llamar a lo que estaba sintiendo? Kenzie conseguía con una mirada lo que Mario jamás había logrado; que su interior se removiera, que su cuerpo vibrara ante el reconocimiento de un deseo omnipresente.
Notó los pezones rígidos bajo la ropa; una sensación perturbadora que se hizo visible por encima de su camiseta. La mano se cerró en un gesto posesivo en torno a la carne suave, apretando y acariciando la piel, y su parte más íntima reclamó como propio el centro de ese deseo.

Por supuesto, lo dicho aquí es solo mi opinión y la forma en que me gusta describir las escenas de sexo. Manejarlas bien no es fácil, y cada autor debe desarrollar el método con el que se sienta más cómodo.